Desde hace 51 años,
los hermanos Miño Naranjo han cantado música nacional e internacional dentro y
fuera de nuestras fronteras. Actualmente, los enorgullece que su principal
hinchada la integren niños y jóvenes, a quienes sus mayores inculcaron amar
nuestra música a través de las canciones del dúo. Esos temas inmortales fueron
los que cantaron el sábado pasado en el restaurante-peña La Posada de las
Garzas. Ambos nacieron en Ambato. Héctor Danilo, en noviembre de 1939 y Luis
Eduardo, en septiembre de 1937. Conversé con ellos antes del show e hicieron un
recuento de su exitosa vida artística. Cuentan que a sus padres les encantaba
la música, pero como afición no como profesión. Su padre, el jurisconsulto
Ernesto Miño, “se oponía profundamente a que fuéramos artistas –manifiesta
Eduardo–, él quería que sacáramos algún título académico”. Pero su madre los
ayudaba, así fue como triunfaron en un festival en la emisora radial
Tarqui, de Quito, donde compartieron escenario con artistas extranjeros como el
mexicano Miguel Aceves. Ahí recién fue cuando su padre cedió. Más aun cuando
grabaron su disco con J. Freud Guzmán, que contenía el pasillo Sin tu
amor, de Carlos Solís Morán, y el sanjuanito El
pajonal, de Marco Vinicio Bedoya.
El arreglista fue Rosa lindo Quinteros que “nos oyó cantar y dijo: Yo voy a
hacer de los Miño Naranjo lo que hice de Julio Jaramillo –asegura
Eduardo–. Grabamos nuestro primer disco y Sin tu amor fue un
éxito tan grande que pegó en todo el Ecuador”. Se confiesan admiradores
de los dúos pioneros de la música nacional como Benítez y Valencia y el Dúo
Ecuador, de Ibáñez y Safadi. Pero aclaran que ellos tienen su particular forma
de cantar “porque para ser artista hay que tener una identidad. Una voz
propia”, señalan, “nuestro sello, nuestra identidad... que es lo que nos ha
dado el triunfo dentro y fuera del país”. Y es que los Miño Naranjo han
triunfado en diversos eventos internacionales, como en el Festival
Iberoamericano de la Canción en España donde ganaron cuatro medallas de oro con
la canción Tú y yo; el Festival de la Canción Latina, en México, y
el Festival de la Flor de Loto, de Osaka, Japón. También el Festival
de la Canción de Verano, en Moscú, en el que vivieron la siguiente
anécdota: “Los rusos dijeron que iban a tocar el himno del Ecuador en nuestro
honor y nos salen tocando Nuestro juramento. Les dijimos que
ese no era el himno –Eduardo entre risas y admiración–, cómo sería la fuerza de
la popularidad de JJ si nos sucedió esto. Entonces tuvimos que cantar el himno
nacional verdadero acompañados por las guitarras”.

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